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Los orígenes de la pintura romana, se confunden con los de su escultura y de tal modo se hallan en el arte helenista que aun los ejemplares que de ella se conservan, sobre todo, los mejores, se atribuyen hoy a mano griega si bien la escuela llegara por fin a romanizarse. Los procedimientos, usados en esta pintura debieron ser el encausto, el temple y el fresco.
Sus géneros, el decorativo de vajillas y muros y el histórico y mitológico en los cuadros murales. Y aunque los descubiertos, hasta el presente ofrecen más que todo un carácter decorativo llegan a ser verdaderas composiciones, pictóricas y se juzga con fundamento que hubo también, otros de pintura independiente a semejanza de los actuales de tabla o de caballete.
Se cultivaron, con dicho carácter decorativo mural el paisaje, la caricatura, el retrato, los cuadros de costumbres, las imitaciones arquitectónicas y las combinaciones fantásticas de objetos naturales constituyendo con estas últimas el género que los artistas del Renacimiento llamaron grutesco, hallado en las antiguas Termas de Tito y que sirvió al célebre Rafael como fuente de inspiración para decorar las Logias del Vaticano.
Los principales, monumentos de pintura greco-romana que hoy existen se han extraído de las ruinas de Herculano, Pompeya, Stabia, el Palatino de Roma y de las necrópolis de El-Fayun, en Egipto, además de los mosaicos descubiertos en numerosas ciudades que fueron romanas. El Museo de Nápoles, centro principal de estudio para el arte romano, conserva más de mil fragmentos de pintura al fresco, arrancados de los muros de Herculano y Pompeya. Entre los más famosos cuadros murales de este arte greco-romano se cuentan
· El de las bodas aldobrandinas (Museo Vaticano).
· El de Paris juzgando a las tres Diosas.
· El de Io libertada por Hermes.
· El de Ceres en su trono (de Pompeya, hoy en el Museo de Nápoles).
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